¿Carreras científicas en crisis?

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la carrera científica resulta muy poco atractiva y, a pesar que nunca hubo en los países desarrollados tanto personal volcado en la ciencia y la tecnología como hoy en día, la cantidad de profesionales del área sigue siendo baja.

Esta tendencia también se da en Chile, donde los estudiantes prefieren otros campos antes que la ciencia: datos del Consejo Superior de Educación indican que de los 123.305 universitarios matriculados en el 2008, sólo el 2% pertenece a carreras científicas y, del año 2005 a la fecha, hubo un aumento de 859 alumnos, lo que es bastante bajo en comparación con carreras como Odontología y Derecho.

Este déficit se traduce en que sólo el 3,5% de la oferta de pregrado corresponde a carreras científicas, cifra que ha ido descendiendo en los últimos cinco años; paradójicamente, la cantidad de proyectos e investigaciones han ido en ascenso.

Renato Saavedra, vicedecano Facultad de Ciencias. Físicas y Matemáticas de la Universidad de Concepción, considera que “disciplinariamente la oferta no es restringida, aunque podemos observar que el número de vacantes es reducido y que las tasas de graduación son aún menores, pero no creo que se deba a la falta de motivación de los estudiantes, quienes progresivamente han logrado encantarse con las ciencias gracias a un permanente trabajo de difusión de las disciplinas. En el caso de nuestra Facultad, la propuesta de carreras es suficiente y adecuada conforme las podemos servir con calidad”.

A diferencia de otras disciplinas, la formación científica es un proceso extenso y que no termina con el egreso del pregrado, y quien se decida por estudiar este tipo de carrera y dedicarse a la investigación, está prácticamente obligado a iniciar estudios de posgrado. “Es difícil explicar a los familiares que obtener el título en Ciencias constituye sólo el inicio. El período para alcanzar el grado de Doctor puede requerir entre ocho y doce años de estudio. Actualmente, es poco probable reconocer a un científico sin esta formación”, opina Saavedra.

Una posición similar tiene Sheila Comte, directora del Programa Licenciatura en Biología de la Universidad Andrés Bello, quien sostiene que aunque no hay tantos estudiantes de pregrado, sí hay científicos suficientes, ya que “desde una determinada profesión -sin ser científica- algunos derivan a la ciencia con posterioridad, a través de magísteres o doctorados”.

Pero, ¿qué se puede hacer para revertir esta situación? Un buen método sería aumentar el tamaño de las comunidades en el país, ya que el quehacer científico surge mayoritariamente en universidades tradicionales, y en un grado de reconocida excelencia no ocurre en más de cinco instituciones. “Los establecimientos requieren de apoyo en la inversión para aumentar sus cuadros académico-científicos, con voluntad de participar en la formación de estudiantes. También debe haber un incremento del número de laboratorios de investigación y de apoyo a la docencia. Para conseguir tales objetivos se requiere de aportes de financiamiento específicos que promuevan la actividad científica fuera del área metropolitana, pues evidentemente los niveles de desarrollo no permiten que universidades regionales compitan en mejores condiciones”, agrega el académico de la UDEC.

En universidades pequeñas o de desarrollo incipiente se observa un conflicto permanente entre la vigencia científica y la dedicación a la docencia. De este modo, en algunas ocasiones no es posible contar con los recursos humanos e infraestructura suficiente para un aumento de vacantes. El crecimiento transcurre lentamente.

“La necesidad de realizar investigación científica es uno de los pilares fundamentales del desarrollo de una nación, y el estar al día con los avances a nivel mundial debería ser una prioridad para todos los gobiernos. Considerando lo anterior, pienso que los fondos destinados a la investigación científica deberían ir incrementándose con una velocidad creciente en el tiempo”, expone la directora del Programa de Biología de la UNAB.

En Chile, por cada mil empleados hay tres investigadores, muy por debajo de países como Finlandia y Nueva Zelanda, los cuales presentan cifras del orden de los 17 y 10 científicos. Una de las hipótesis para explicar este fenómeno, se centra en que quienes se dedican a esta área reciben bajos sueldos. Sheila Comte cree que “la remuneración será acorde al ímpetu que coloque cada cual en insertarse en el campo laboral”.

Para Renato Saavedra “existe desinformación y prejuicio respecto de los niveles de ingreso de investigadores con el grado de doctor, ya que a muchos académicos les permite llevar un pasar conforme a su formación de excelencia. En ocasiones, este mito ha provocado la pérdida de excelentes postulantes que no logran convencer a sus familias y son inducidos a estudiar algo más seguro”.

Aunque la competencia local por buenas posiciones de trabajo es dura y se requiere una vigencia permanente, una de las ventajas de los profesionales de ciencia es que el mercado laboral no se restringe al ámbito nacional, y – ayudados por su alto nivel académico- pueden ejercer en muchas partes del mundo.

Publicado en Universia.cl

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